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miércoles, 25 de enero de 2012

Eco Parque Aventura Pan de Azúcar. Deporte y turismo

Pan de Azúcar. Mucha adrenalina con toda seguridad. En la falda del Cerro, un parque permite experimentar distintas actividades

"Caída libre, mountain bike, cetrería, canopy, escalada y rapel. Suena peligroso. Pero el riesgo puede ser el mismo que caminar en el supermercado. Eco Parque Aventura pretende demostrar que adrenalina y seguridad pueden ir de la mano.

"Esto pretendió llenar un vacío de actividades al aire libre que fueran más allá de ir a un espacio público al que no se le agrega valor, en el que no hay nada extra para hacer ", explica Millot. Con eso en mente él y Adriana Van der Laat buscaron actividades seguras e innovadoras que no pudieran hacerse en un radio de dos horas y media de vuelo a la redonda.

Uruguay no fue la primera opción, pero resultó la mejor eliminando a Argentina, Brasil y Chile. El emprendimiento implicó una inversión de US$ 1 millón para instalar los cables de canopy en el cerro Pan de Azúcar y para adquirir las licencias y certificaciones de Estados Unidos, Canadá, Nueva Zelanda y Europa que garantizan la aplicación de protocolos de seguridad en todas las actividades y que todas puedan ser realizadas por principiantes.

DIVERSIÓN. El parque ofrece un circuito de cables para descender el cerro Pan de Azúcar que combina canopy o tirolesa (hasta 300 metros de largo) con cables "sensacionales" (más de 500 metros).

El circuito de Eco Parque Aventura tiene dos cables "sensacionales", uno de 980 metros y otro de 1.180 metros, que sumados a las dos tirolesas conforman un recorrido de tres kilómetros. Está incluido entre los cinco mejores del mundo, "por su belleza, por su seguridad y por la forma en que fue construido, no se utilizó ni un solo árbol, se montó todo sobre roca", dice Millot. Otras actividades que se pueden realizar en el parque sin elementos externos son los circuitos de mountain bike y trekking. "Tiene todos los grados de dificultad que puedas imaginar. Pasan por montes nativos, tramos por la ladera para hacer rutas meramente técnicas y hay un downhill que es extraordinario"

Las actividades más novedosas y exóticas son las que incluyen elementos externos como el bagjump y la kiwi ball. El primero consiste en lanzarse de espaldas desde una altura de 12 metros sobre un colchón inflable. "Es un dispositivo de seguridad inventado por los acróbatas del Cirque du Soleil junto a dobles de Hollywood".

El segundo es una bola contenida en otra bola de tres metros de diámetro que por un sistema de cuerdas equidistante genera un colchón por el cual nunca se toca la superficie. "Te podés tirar solo, de a dos o incluso en el agua. Eso te hace perder la temporalidad y espacialidad en simultáneo".

En el parque también se puede caminar sobre un puente tibetano de media pulgada de ancho a 250 metros de altura y en su centro de cetrería es posible interactuar con aves rapaces, algunos ejemplares incluso en vías de extinción.

EN COMUNIDAD. Eco Parque Aventura realiza tres actividades vinculadas a la ecología. La primera de ellas surgió como para combatir una plaga local.

"En los últimos dos años lanzamos cuatro lechuzas de campanario, cada pareja consume tres mil ratones por año. Los productores locales están fascinados. Es una forma de controlarlo naturalmente".

Comenzó así un programa de protección, cría y rehabilitación de aves rapaces. Este programa incluye tres especies: gavilán mixto, águila mora y halcón aplomado y su objetivo es reinsertar la especie en el ecosistema. Otro programas que se realiza es el de superhéroes ambientales que procura que los niños conozcan ejemplos de empresas o instituciones que cuidan el medio.

DEMANDA. "En Costa Rica se reciben 800.000 turistas americanos y europeos que van exclusivamente a hacer canopy. Acá las políticas de turismo son retrógradas y adversas y alientan un turismo que está al influjo del tipo de cambio y la moda. Iniciativas de este tipo, que están todo el año, no se cuidan", afirma Millot. El parque recibe en promedio 50 visitas por día. En su mayoría son uruguayos, argentinos y brasileños. Actualmente son frecuentes las visitas de empresas en modo team building y de escuelas. El emprendimiento contaba con el influjo del turismo proveniente de los cruceros, pero no han logrado acuerdo con las empresas locales a cargo de eso. Esto determinó que el parque esté concentrado en reactivar la demanda del público uruguayo a través de tarifas económicas y familiares y planes para empresas aliadas.

"Es como surfear una ola de aire"

Pueden ser tres, cuatro, cinco o hasta más de 10, dependiendo del viento. Se juntan en lo más alto de Punta Ballena, en la loma, casi todas las tardes y están dispuestos a resignar horas de playa a cambio de volar "cómo pájaros", tal como ellos mismos definen a su actividad: el parapente.

Visto desde afuera funciona casi como un ritual. El viento y la locura por volar, básicamente, es lo que los reúne allí. "Mucha gente me dice que estoy loco porque en vez de tirarme a tomar sol prefiero andar haciendo esfuerzo y luchando con el viento. Pero me encanta hacer esto. Las personas que dicen eso es porque nunca vivieron la sensación de estar acá arriba", dice Máximo (28), con una sonrisa de oreja a oreja, mientras desarma con cuidado su equipo de vuelo.

Máximo es argentino y aprendió a manejar "el bicho" hace tres años, por un amigo que le enseñó. Vino a Punta del Este de vacaciones hace apenas tres días, y desde que llegó estaba esperando el mínimo indicio de "buen viento" para mandarse hasta la loma de Punta Ballena, que tiene cerca de 50 metros de altura.

Ese día el viento no estaba en condiciones óptimas como para planear por largo rato. "No está fuerte. Si hay mucho viento te quedás en el aire y no bajás. Es como una ola, el viento viene y te levanta y vos te quedas arriba como si estuvieras haciendo surf. La sensación es como surfear una ola... pero de aire", describe Máximo, que asegura nunca sufrió ningún inconveniente o lesión. "Hay que respetar a la naturaleza. Si la desafiás y te crees listo, te va a ir mal", asegura. A unos metros de donde está Máximo se encuentran Gustavo y Charly, instructor y principiante. "Voy tres clases recién", dice Charly ya con el equipo puesto y pronto para lanzarse. Alrededor, la actividad llama la atención de los menos valientes que, sin apuro y disfrutando del paisaje, pasan por allí y se detienen a observar. "Capaz que en otra vida me tiro", bromeó un turista, termo y mate en mano.

Bag jump, un salto al vacío con seguridad

Un dispositivo de seguridad que se convierte en un desafío. El colchón fue creado por acróbatas del Cirque du Soleil y Hollywood para alturas de hasta 50 metros, sin embargo, por motivos de precaución en el parque se trabaja con dos plataformas, de 6 y 12 metros. Allí se puede probar lo que es volar.

Ni espacio ni tiempo en la bola de aire

Entran una, dos, o tres personas. Puede utilizarse en tierra o agua, sin ningún riesgo, ya que un sistema de cuerdas aísla el impacto de los golpes, el cuerpo nunca toca la superficie sobre la que gira la kiwi ball. En ella se pierde la noción del espacio y el tiempo.

El mismo riesgo que caminar en el súper

En el parque trabajan 12 personas, incluidos sus dueños Eugenio Millot y Adriana Van der Laat. Todo calificado "bajo la norma europea, la canadiense, la americana y la de Nueva Zelanda, y vienen del exterior a certificar que la actividad se realice según su protocolo".

Vuelos al puño con diversas aves rapaces

En el centro de cetrería del parque se puede interactuar con aves rapaces, algunas incluso en peligro de extinción. Allí se lleva a cabo un programa de protección, cría y rehabilitación de las aves. "Permanentemente estamos recibiendo, las recuperamos y las soltamos", dijo Millot.

fuente: PUNTA DEL ESTE | XIMENA ALEMAN - GASTÓN - El País Digital / Ciudades, 25 de enero de 2012

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